miércoles, 23 de diciembre de 2015

Jaramar: La estación amante de un puente

Miguel Mojarro
Sociólogo y autor de Los Casinos de Huelva 
Silbato usado en 1906 por el
 jefe de Estación de Jaramar
Hoy toca homenaje. A una estación, Jaramar, a un puente, Las Majadillas y a un pueblo,
El Madroño, que dio vecindad y vida a un trozo del ferrocarril minero y a su río. O viceversa, que nunca he sabido quien amaba a quien.

El río, dale que dale, en su terca manía de surcar por donde le place. El ferrocarril, insistiendo en "bailar pegados" siempre que las lomas lo permitían. Así, hasta el final, incluso en ese último episodio rojo de Las Mallas. Amantes hasta el final.

Jaramar puente Las Majadillas
actualmente. Imagen de Fotoespacios
En Jaramar, la más humilde de las estaciones de la línea, hay historias escritas, vidas nacidas y amistades fraguadas. Suficiente esto, como para que Jaramar siga viva en la gratitud a quienes estaban allí, cuando era lugar de encuentro para quienes venían por la senda de El Madroño cada mañana y quienes esperaban su llegada, para dar salida a un tren hacia el sudor.

En Jaramar, allá por los primeros años del siglo XX, estaba el final de un camino entre jaras, que procedía de El Madroño, con su carga diaria de trabajadores que habían hecho su primera parada en el madroñero Casino de Bautista, para esa manguara madrugadora que permitía la caminata dura hacia el Tinto.

Allí esperaban la estación, con Juan "El del Lunar", que acababa de levantarse para dar vida a los trenes de mineral y de obreros, que eran los habitantes de la orilla. Cada mañana, Juan tañía su silbato de ferroviario con poder, para regular entradas y salidas de trenes de humo negro, con sus lentas subidas y peligrosas bajadas de los desniveles.

 Aun se conservan restos de un molino, de los muchos que jalonaban la bajada del Tinto, en el que se usaba la fuerza motriz de las aguas, para producir la harina necesaria en la zona. Un molino rodeado de jaras, unido a la orilla onubense por una "tirolina" rústica, que permitía el traslado de mercancías de un lado a otro del atractivo río. Y a veces hasta personas fueron sus clientes.

Jaramar estacion antigua.
Archivo de Azoteas
A su lado, una casa, la del molinero (Que no bar). Con el espectáculo rojo y verde. No es mala combinación de tonos, en una tierra que es santuario de pintores. La soledad de este molinero solamente encontraba la compensación de este espectáculo estético y natural. Pero a veces ocurre, como en Hamlet, que el hábito hace perder la sensibilidad a esta bella circunstancia.

Me hubiera gustado charlar con este molinero, sentado junto a la "zahurda" en la que criaba sus guarros. Hablar de sus recuerdos en ese trato diario con quienes venían por la senda de El Madroño, con el sueño recién vencido. O a su regreso, por la tarde, cuando emprendían el recorrido cuesta arriba, entre jaras y cansancio, con el "carburo" encendido, cuando la noche les ponía difícil el regreso a casa.

Y presenciar sus parrafadas, que las habría, con Juan, el Jefe de Estación, en esas horas muertas entre tren y tren, entre molienda y molienda.

Uniéndolos, un pasillo de lujo, el puente de Las Majadillas, delgado y entrañable, porque era el medio para cruzar la calle del río, el sitio obligado para ir a la acera de enfrente. Tan cerca. Dos provincias unidas por un puente humilde. Un puente entre pinos y jaras, en el lugar más hermoso de un río increíble.

José Luis Gómez, nos aporta alguna reflexión importante en los blogs:


"En su día, la propia empresa se encargó de derribar el edificio de la estación (Jaramar)".

"La empresa fomentaba la obligatoriedad de ocupar las viviendas que sembraban el recorrido férreo y amenazaban con despidos de no hacerse. En la estación de Jaramar se dio uno de esos casos de despidos por esta razón. El factor Pedro Chaparro Ruiz fijó su residencia en El Madroño y no ocupó la vivienda asignada en Jaramar."

También Aquilino Delgado, en sus trabajos sobre el Ferrocarril Minero, aporta algunas indicaciones de esta mítica estación:
"Unos metros más y la locomotora silba indicándonos que llegamos a la estación de “Jaramar”. De ella solo se adivinan sus paredes a la derecha pero en el lado izquierdo se conserva, en muy buenas condiciones la factoría, una especie de almacén donde el ferrocarril descargaba y recogía mercancías para esas poblaciones ya alejadas de la comarca minera. También apreciamos una forma muy curiosa de cruzar el río, una especie de “tirolina” que permitía llevar cosas e incluso personas desde un molino a la estación, muy útil en época de crecida del río."

Hay un sitio que conviene visitar antes de entrar en otras consideraciones sobre este ferrocarril minero. El Señor Alcázar, el padre de "La Alcázar", es fuente admirable de memoria y de amor por este patrimonio social del Sur:


Pero antes de que su memoria nos trajera el placer de un recuerdo admirable, Jaramar esperaba cada mañana a sus amigos de El Madroño, aquellos antepasados de Manolo y de Feliciano, de Ventura y de Bautista, de Don Manuel y de Eduardo, de Petra y de Isabel, ...

Jaramar almacen. Estado
actual. Foto de Fotoespacios
Y entre lo que hoy son ruinas, un jefe de estación, Juan, con el silbato de bronce al cuello, para dar salida a trenes con mineral y con madroñeros, en ese punto kilométrico 9, entre Naya y Las Cañas.
Pisando y paseando por la vía de 1,067 m de ancho, que se acercaba al Tinto a su paso por el puente de Las Majadillas, allí donde el rio rojo recibe a su hermano transparente el Jarrama. Porque Juan no tenía otro camino para pasear.

O cruzando por el puente amigo, hacía la casa del molinero, para echar un cigarro o beber una manguara con el vecino. Porque ese molinero era el único vecino que Juan tenía, aparte de jaras, pinos y el rumor suave de las aguas rojas en las rocas amarillas.

Y ahora ese puente de Las Majadillas grita en estertores de un final doloroso, que su memoria es parte de este patrimonio minero y ferroviario, onubense y sevillano, estético y social.

Jaramar, ese sitio en el que la historia y la vida compartían soledad y belleza. Jaramar, trozo de la Historia, solar minero sin mineral y traviesas sin trenes. Pero con memoria y sentimientos, porque los hijos de los hijos de aquellos que llegaban a Jaramar, tienen hoy querencia por aquellas piedras y un puente que debe ser orgullo de El Madroño y de la Cuenca Minera.
Patrimonio. Que también es patrimonio la memoria de los que viven.

(Este artículo es homenaje a quien vivió en La Estación de Jaramar
y a quien nació en la orilla del Rio de colores)